3.11.05

EL SEXO DE UNA SIRENA

Me acerco a ti, un poco más cada décima de segundo, disfrutando del incendio que provocas en mi piel, sin tocarte, aún. Siento que tu piel también se enciende, sin tocarme, aún.
Nos acariciamos con besos llenos de promesas, besos cargados de sal, de la brisa del mar, brisas calientes que nos hunden en gemidos ahogados, en la cadencia del deseo deseante y deseado, del deseo de seguir deseando, siendo más sirena ahora que nunca porque se me revienta el cuerpo con tantas olas bravas rompiendo dentro.
Y las yemas de tus dedos aletean levemente sobre los pezones que, con urgencia, buscan tus manos. Lentamente, como sin tocar, como sin querer, pero queriendo mi agonía por más de tus yemas, más de tus dedos, consiguiendo que el deseo que había nacido en mis ingles invada sin piedad todo el cuerpo, escapándose por mis labios en forma de gemido doliente. Ver a tu sirena sufriendo de urgente desesperación hace que tu deseo de hombre se desborde por los poros de tu piel, suspirando por desearla aún más, y sin poder demorarlo, das un lenguetazo a los pezones que ya exigían tu lengua, convirtiendo toda la piel en pomelo ardiente.
Ya no hay más opciones que la de enredar nuestras pieles, nuestras bocas, nuestra sed. Ya no hay más vacíos, ni más huecos, ni más fuerzas que las de la ansiedad desbocada gobernando nuestros cuerpos. Hasta que sacando fuerzas de aún no sé dónde, me cierras las puertas de tu aliento, donde hasta entonces respiro, y hurgando con tus labios mi vientre, ahogas tus gemidos entre mis muslos, buscando iracundamente la ausencia de cola de tu sirena. Vas buscando humedades que no calman tu sed, tienes seda en la lengua, y algo de lija, encendiendo con ambas la noche en mi cabeza, y me hundes, y me alzas, y me sumerges, y me estrellas en el vértigo, porque ya no puedo más.
Me respiras hondo, sintiéndome más tuya porque me alejo, pese a estar desparramada en tu boca, pese a que doble el cuerpo sin separar mis pezones de tus dedos. Porque me encaramas al fondo de la luz, del deseo, entera, con todo el aire y el alma que habita mi cuerpo.
Calmada ya, cabalgo como mujer (como sirena, no puedo), con todo el mar sonando en mis entrañas, respirando el aire que se escapa por tus oídos, acariciando tu sangre en cada movimiento, primero lento, obligando al movimiento de tu cuerpo, buscando la exigencia en tus miradas, apretándote desde dentro, latiendo en ti mientras busco tu latido hambriento.
Y más. Al columpiarme en ti, aumenta tu ansiedad aumentando los ritmos, que soplan sobre los rescoldos de mi último viaje al vértigo, No estoy segura, pero creo que el fuego que escupe tu cuerpo en cada embite de mis caderas, se adentrado en mí, y está quemando todo lo que encuentra. Y ebrio de placer aceptas cada calor prensil de mis adentros con la resignación de saber que, no tardando mucho, el fuego reventará el volcán ardiente en que te has convertido. Bailamos ya sabiendo que sucederá, disfrutando cada segundo de menos.
Y desaparecen los cuerpos en la implosión, derramados entre vértigos que nos ahogan, sin respirarnos ya los alientos porque no gimen siquiera, porque revientas los flujos humectando las pieles para calmar el regreso, porque gritan la venas todo el tiempo, porque arden los vacíos en que nos convertimos, porque somos el Centro.

Glauka

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2 Comments:

Anonymous Alfredo dijo ...

UFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF
VAYA PASADA..............................¡¡¡¡¡¡¡¡

8/4/06 00:28  
Anonymous Ana dijo ...

JAJAJAJAAAA!!
Niña, que me calientas al personal, hazme el favor. Mira el pobre alfre904 el calentón que se ha llevao la criatura.
Un beso. Es muy bonito, muy sugerente y me encanta ver que piensas en lo único. Lo demás...es mucho más efímero.
Ana

8/4/06 00:29  

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